Luis Oricain, un vecino de la ciudad, fue víctima de una salvaje agresión física perpetrada por tres menores de edad que cuentan con un frondoso historial de hechos violentos contra terceros.

El ataque le provocó una fractura en el brazo y profundas heridas en el rostro.

Ayer por la tarde lo agarraron a piedrazos en la puerta de su casa frente a la Clínica Sindical.

En declaraciones exclusivas a #TúRadio, Oricain relató el calvario que debió atravesar antes de la agresión final y lamentó la falta de respuestas institucionales ante los reiterados pedidos de auxilio.

Según relató la propia víctima, el conflicto comenzó de manera inesperada cuando las menores comenzaron a interceptarlo para pedirle comida.

En un principio, la actitud de Luis fue solidaria: «A mí estas chicas empezaron pidiéndome algo. Un día iba a lo de Matías (Supermercado), les compré ahí un paquete —no me acuerdo qué era— para que coman. Después otra vez me pidieron, les di dos paquetes de masitas. Pero cuando empecé a decirles que no tenía nada, me empezaron a decir de todo y a tirar piedras».

El acoso escaló rápidamente. Las agresoras pasaron de los insultos verbales a golpear la puerta de su domicilio con manos y pies, y a arrojar proyectiles a cualquier hora del día. «Un día tiraron como media baldosa de material de cemento, de las que encontraban», detalló con indignación.

Si bien Luis dio aviso a la policía en oportunidades anteriores, la falta de identificación en ese momento dificultaba el accionar formal, lo que dejó a la víctima en una situación de absoluta vulnerabilidad.

El episodio más violento se desencadenó cuando las menores se apostaron en la vereda de enfrente para continuar con la balacera de piedras. Al salir a pedirles que cesaran en su actitud y advertirles que llamaría a las fuerzas de seguridad, la situación se desbordó.

«Una piedra grande me pegó abajo del ojo, ahí me caí, afirmé la mano en el suelo y ahí me jodí el brazo», expresó Oricain.

La caída le provocó una fractura en el brazo y una herida cortante que requirió cinco puntos de sutura debajo del ojo izquierdo. Debido a su avanzada edad, los médicos descartaron una intervención quirúrgica por los riesgos que implicaría.

Mientras se encontraba tendido en el suelo, las agresoras continuaron arrojándole objetos. La agresión solo se detuvo gracias a la intervención solidaria de transeúntes, automovilistas y motociclistas que se frenaron a defenderlo, sumado al auxilio del personal de una clínica cercana que lo socorrió en silla de ruedas mientras las menores escapaban rumbo al centro.

A pesar de la gravedad de las lesiones y de que la víctima y sus allegados lograron identificar a las responsables y a su entorno familiar, la respuesta de las autoridades generó profunda frustración.

«Tenemos el nombre de ellas y de la madre, la policía ya tiene todo», afirmó Oricain. Sin embargo, advirtió con impotencia sobre los vacíos legales y operativos: «La policía nos dijo que ellas no las pueden detener ni que ningún organismo oficial se hacía cargo».

El caso vuelve a poner en debate la problemática de los reiterados hechos de violencia urbana protagonizados por menores y la urgencia de una intervención articulada entre los organismos de protección de derechos y la justicia para brindar resguardo a los vecinos afectados.

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